Os voy a relatar un hecho que me ha dejado bastante perplejo, tocado e incrédulo. Un conocido nos invitó a mí y a mi novia a la presentación de una película española. Este conocido había hecho una colaboración en esta película y quisimos estar presentes el día de la proyección. Nos comentó que era un proyecto pequeño y de bajo presupuesto, de un director que hacía su segundo largo con mucha ilusión, donde nadie cobraba y con un presupuesto de 5000 euros procedentes de una subvención estatal. Así pues, nos dirigimos a lugar de la presentación, que se llevó a cabo en un pequeño pub de Malasaña (no diré cuál, al igual que no diré ni la película ni el director). Tratándose de un proyecto pequeño me pareció que todo entraba dentro de la lógica, nada que criticar (hasta aquí). Así pues, sentados sobre unas cajas de cerveza que hacían la vez de butacas, escuchamos la presentación del director. Mientras hablaba, detrás de él, una pantalla iluminada por un proyector mostraba el menú inicial del DVD de la película, que consistía en un fotograma de la misma y un botón que decía algo así como “COMENZAR”. Sin pretender ser innecesariamente duro, diré que cualquier menú de cualquier vídeo de comunión tiene mejor aspecto que ésta. En esta reflexión me encontraba mientras el director nos anunció la presentación de la película para el festival de Cannes. Igual no debía dejarme llevar por las primeras impresiones, ¡que era Cannes ni más ni menos!
La primera escena de la película no dijo nada. Era una escena innecesaria que presagiaba tímidamente lo que el espectador se iba a encontrar después. La película empezó lenta, rodeada de todo tipo de detalles de ésos que te dan cosica: interiores poco creíbles rodados en pisos que podrían ser de tu madre y que pretendían ser otra cosa; sonido retumbante, hueco, de televisión local en directo; luz excesiva, invariable con el paso del tiempo pese a que la línea temporal avanzaba; planos absurdos rodados desde perspectivas incomprensibles y cambios de plano de forma aleatoria. Pero el problema, el verdadero problema, era el protagonista: el mismísimo director. Antes de la proyección, durante la presentación, comentó una serie de problemas para contratar a un actor profesional haciendo mención al sueldo base que se debe pagar a un actor principal y los inconvenientes de que te deje tirado, todo esto con un papel del B.O.E. en la mano (doy fe de ello). Su solución: representar él mismo el papel principal. A los 5 minutos de proyección no podía creer lo que estaba viendo (mi novia tampoco), decir que actuaba mal sería quedarme corto. Además, hay que sumar una temática absurda, surrealista, mala y además mal contada. Los fallos técnicos se sucedían uno tras otro: altibajos en el sonido, ruidos de ambiente ensordecedores y tomas rodadas como lo haría tu hermana de tres años. Yo me quería morir. No me podía creer aquella broma. Juro que en algún momento se me pasó por la cabeza que cortarían las película y nos diría el iluminado de su director “¡inocentes!”. Un película de sobremesa de Antena 3 de serie B está muchísimo mejor rodada que esta bazofia. Mientras avanzaba la tortura que se proyectaba en aquel local yo me preguntaba qué estaría pensando la gente que estaba allí (la mayoría gente que había aparecido en la película, imagino que ignorando a quién estaban prestando su imagen). Si hubiese sido yo, por designios de la vida, quien hubiese colaborado, le pediría al director por favor que sustituyera mi cara con lo que quisiese, y que olvidase mi nombre para el resto de su vida. Seguí viendo el avance del largo y me acordé de sus palabras, ¿no se estaría muriendo de vergüenza al contemplar aquello? Nos comentó que había asistido un actor de una conocida serie de televisión (yo no le vi, pero lo señaló), ¿qué pensaría esta persona?
Afortunadamente nos tuvimos que marchar antes del fin de la película. No hubiera podido decirle a esta persona nada positivo si me hubiera pedido mi opinión. Tampoco me encontraba con ánimos de decir a nuestro conocido nada del proyecto, bastante mal lo estarían pasando él y su esposa (quien hizo un digno papel) al ver semejante insulto. Salí convencido de que yo puedo hacer algo MUY superior a lo que ha hecho él, y dejo constancia de que mis conocimientos de cine son muy escasos. Es indignante que se subvencionen cosas como ésta. ¿De verdad alguien vigila dónde va el dinero? Este sucedáneo de cine jamás logrará proyectarse en ninguna sala, ni lo comprará ninguna televisión ni mucho menos ganará un festival de cine. En Cannes se habrán pensado que es una broma de mal gusto, porque si la aceptan sería para coger y quemar el Ministerio de Cultura, por darles la subvención.
Como todavía rondaba en mi cabeza el fantasma de la broma, he buscado si la película existe. Me ha bastado ver que está en la web del Ministerio de Cultura, con su categoría de edad. No era una broma, ¡no era una broma!
Etiquetas: cine, cultura, director, minsterio de cultura, película
10 febrero 2011 a las 9:26 am |
no jodas! ¿eso te pasó?, venga ya! pero si eso es imposible. jijijijiji
10 febrero 2011 a las 10:48 pm |
Doy fé yo también, que el narrador de este post me lo contó con pelos y señales entre caña y caña, xD
14 febrero 2011 a las 10:42 am |
¿Realmente os parece que en estos últimos años se ha estrenado alguna película “española” que merezca la pena ir a ver al cine? El cine español vive a base de subvenciones y no de la recaudación de taquilla. No importa hacer una película que sea buena, sino vivir del cuento y llevarse la subvención. Si la peli no vende una mierda, se le echa la culpa a la piratería y ya está.
Lo peor de todo es que estos proyectos de dudosa calidad los pagamos entre todos. Visto lo visto, voy a buscar el video de mi primera comunión, lo hago pasar por cine de autor, y a pedir alguna subvención… Seguro que así me saco algunas pelillas por la geta
14 marzo 2011 a las 8:58 pm |
Yo no tengo blog, pero el tuyo empieza a ser un rollo, que lo sepas! Que lo actualizas de pascuas a ramos… venga hombre! xD